Qu’est-ce que la saponification ?

¿Qué es la saponificación?

Fabrice Turco

El jabón no es simplemente una mezcla

Al observar un jabón, resulta tentador imaginar que su fabricación consiste en reunir varios ingredientes y dejar que se endurezcan.

La realidad es más interesante.

Para fabricar un jabón auténtico, las materias primas experimentan una reacción química.

Esta reacción tiene un nombre:

la saponificación.

Es lo que transforma las materias grasas en jabón.

La distinción es esencial.

Un aceite utilizado para fabricar un jabón no permanece necesariamente en su forma inicial.

Se ha producido una transformación.

Y es precisamente esta transformación la que da lugar al jabón.

¿Qué ocurre durante la saponificación?

En esencia, la saponificación se basa en el encuentro entre materias grasas y una base alcalina fuerte.

Las materias grasas están constituidas principalmente por triglicéridos.

Cuando reaccionan con la base alcalina, sus estructuras se transforman.

La reacción conduce, en particular, a la formación de:

sales de ácidos grasos —el jabón— y glicerina.

En otras palabras, los ingredientes iniciales dan lugar a nuevas sustancias.

Esto es lo que distingue una reacción química de una simple mezcla.

¿Por qué se utilizan materias grasas?

Porque constituyen la materia prima fundamental de la fabricación tradicional del jabón.

Los aceites y las grasas tienen diferentes composiciones de ácidos grasos.

Esta composición influye en las características del jabón obtenido.

Según las materias seleccionadas y su proporción, se pueden modificar distintos parámetros:

la dureza,

la consistencia,

la naturaleza de la espuma,

el poder de limpieza,

u otras sensaciones durante y después del uso.

Por tanto, la selección de las materias grasas no es un detalle menor.

Forma plenamente parte del trabajo de formulación.

¿Por qué se necesita una base alcalina?

Sin una base alcalina, no hay saponificación en el sentido clásico del término.

Es necesaria para la transformación química de las materias grasas.

Para los jabones sólidos, generalmente se utiliza hidróxido de sodio, a menudo llamado sosa cáustica.

Esta información puede resultar preocupante cuando se saca de contexto.

Sin embargo, es necesario distinguir la materia utilizada para provocar una reacción de la composición final correctamente formulada.

En un jabón correctamente fabricado, la cantidad de sosa necesaria para el proceso se calcula en función de las materias grasas, de modo que la reacción esté controlada.

Es precisamente aquí donde la formulación y el rigor cobran toda su importancia.

La precisión comienza con el cálculo

Por tanto, fabricar un jabón no consiste en verter aproximadamente una cantidad de base alcalina en aceites.

Cada cuerpo graso tiene características particulares y necesita una cantidad determinada de base para saponificarse.

  • Por tanto, el formulador debe trabajar con precisión.
  • Demasiado poco.
  • Demasiado.
  • Una modificación de las proporciones.
  • Un cambio de aceite.
  • Todo ello influye en el equilibrio de la fórmula.

La sencillez visual del jabón oculta así una realidad fundamental:

su fabricación se basa en la precisión.

La glicerina: una consecuencia natural de la reacción

La saponificación también produce glicerina.

Esta sustancia tiene propiedades humectantes: en particular, puede contribuir a retener el agua.

Por tanto, su presencia en ciertos jabones resulta especialmente interesante desde el punto de vista de su formulación y sensorialidad.

Pero, una vez más, hay que ser precisos.

Decir que un jabón contiene glicerina de forma natural no significa que automáticamente sea adecuado para todas las pieles ni que nunca pueda provocar una sensación de incomodidad.

El producto siempre debe considerarse en su conjunto.

¿Todos los aceites producen el mismo jabón?

No.

Y eso es precisamente lo que abre un amplio campo de formulación.

Los distintos aceites y cuerpos grasos no tienen el mismo perfil de ácidos grasos.

Por tanto, no contribuyen de la misma manera a las propiedades finales del jabón.

Algunas pueden contribuir más a su dureza.

Otras contribuyen a la espuma o a determinadas cualidades sensoriales.

El saber hacer consiste entonces en buscar un equilibrio entre varias características.

Una vez más, una materia no se juzga únicamente de forma aislada, sino por el lugar que ocupa en el conjunto.

¿Y qué es un jabón sobreengrasado?

El término aparece muy a menudo cuando se habla de jabones.

Sin embargo, su principio merece un artículo aparte.

En general, un jabón sobreengrasado está diseñado para que una fracción de las materias grasas permanezca sin saponificar, o puede recibir ciertos cuerpos grasos después de la reacción, según el procedimiento elegido.

El objetivo consiste, entre otras cosas, en modular el carácter deslipidizante de la limpieza y la sensación que deja en la piel.

Pero la palabra «sobreengrasado» no permite, por sí sola, determinar toda la calidad de un jabón.

Volveremos en detalle sobre esta noción.

¿Puede la temperatura modificar el proceso?

Sí.

Existen distintas maneras de llevar a cabo una saponificación.

La temperatura, el proceso de fabricación y el tiempo dedicado al jabón pueden variar según los métodos.

Se habla, en particular, de saponificación en frío o de procesos realizados con más calor.

Estos términos se utilizan a veces como argumentos de calidad absoluta.

La realidad merece más matices.

Cada proceso tiene sus propias características.

Lo esencial sigue siendo el dominio de la formulación, del proceso y del producto final.

También dedicaremos un artículo específico a esta diferencia.

¿Por qué a veces hay que esperar antes de usar un jabón?

En ciertos métodos artesanales, especialmente en la saponificación en frío, el jabón se deja reposar durante varias semanas después de su fabricación.

Este periodo se denomina habitualmente curado.

Durante esta fase, el jabón pierde, entre otras cosas, parte de su agua y adquiere progresivamente una mayor dureza.

El tiempo se convierte entonces en un elemento del proceso.

No se trata simplemente de esperar para dar al producto una imagen artesanal.

Este periodo contribuye a su evolución física.

El jabón tiene naturalmente un pH alcalino

Un jabón auténtico procedente de la saponificación es alcalino.

Por tanto, su pH es superior al de la superficie de la piel, que es naturalmente más ácida.

Esta diferencia explica por qué no todos los productos limpiadores sólidos son necesariamente jabones en el sentido químico del término.

También existen pastillas dermatológicas o syndets, formuladas a partir de otros agentes limpiadores y que pueden presentar características de pH diferentes.

Esta distinción es importante.

Volveremos sobre ello, porque permite comprender por qué dos productos sólidos aparentemente similares pueden funcionar de manera muy diferente.

Artesanal no significa impreciso

La imagen del jabón artesanal suele evocar un taller, aceites, moldes y gestos transmitidos.

Este imaginario posee una belleza real.

Pero el verdadero saber hacer artesanal nunca debería confundirse con la aproximación.

Al contrario.

Trabajar con una reacción química requiere conocimiento, precisión y control.

Las materias pueden ser tradicionales.

El gesto puede ser antiguo.

La rigurosidad debe ser contemporánea.

Aquí, tradición y química cuentan la misma historia

El jabón ilustra especialmente bien la relación entre tradición y ciencia.

Durante siglos, el ser humano ha aprendido a controlar progresivamente ciertas transformaciones de la materia.

La química moderna nos permite hoy explicar con precisión parte de estos fenómenos.

Por tanto, la ciencia no borra necesariamente el saber hacer antiguo.

Le aporta un lenguaje.

Permite comprender por qué funciona un proceso, controlarlo mejor y reproducirlo con mayor precisión.

Es precisamente en este encuentro donde reside toda la modernidad del jabón.

Mirar de otro modo un objeto cotidiano

La próxima vez que tomemos un jabón en la mano, quizá podamos mirarlo de otra manera.

Detrás de su forma perfectamente sencilla se encuentran:

materias grasas,

una base alcalina,

cálculos,

una reacción química,

glicerina,

un equilibrio de formulación,

a veces varias semanas de maduración,

y finalmente un objeto lo bastante sencillo para utilizarse con un poco de agua y la palma de la mano.

Por tanto, esta simplicidad final no es primitiva.

Es el resultado de una transformación controlada.

Comprender antes de elegir

Precisamente por eso deseamos dedicar varias páginas del Diario de la Maison al jabón.

No para convertir un gesto cotidiano en algo innecesariamente complejo.

Pero para devolver sentido a las palabras que encontramos constantemente en los productos:

  • saponificado.
  • sobreengrasado.
  • glicerina.
  • saponificación en frío.
  • pH.
  • Detrás de cada uno de ellos existe una realidad.

Y comprender esta realidad permite elegir con mayor discernimiento.

Porque, una vez más, la precisión comienza con el conocimiento.

«El jabón parece sencillo porque la transformación que le da origen ya ha tenido lugar. Detrás del gesto permanece toda la precisión de la materia.»

SHAYKO Grasse
Cuando el cuidado se convierte en una firma.