Una sustancia que conocemos sin saber siempre de dónde procede
La palabra glicerina aparece en composiciones cosméticas muy numerosas.
Se valora especialmente por sus propiedades humectantes, es decir, por su capacidad para atraer y retener el agua en determinadas condiciones.
Así, puede contribuir a mantener la hidratación de las capas superficiales de la piel en los productos que permanecen en contacto con ella.
Pero en el mundo del jabón, la glicerina posee una particularidad fascinante.
No necesariamente se añade simplemente a la fórmula.
Puede crearse mediante el propio proceso de fabricación.
Para comprender la glicerina, hay que volver a los aceites
Los aceites y las grasas utilizados en la fabricación de jabones están constituidos principalmente por moléculas llamadas triglicéridos.
Su estructura asocia ácidos grasos con una molécula de glicerol.
Cuando estos triglicéridos entran en contacto con una base alcalina en las condiciones necesarias para la saponificación, su organización química se transforma.
Los ácidos grasos dan lugar a las sales de ácidos grasos que constituyen el jabón.
Y el glicerol se libera.
Este glicerol es lo que llamamos habitualmente glicerina.
Así, en este tipo de fabricación:
el jabón y la glicerina nacen de la misma transformación.
Por tanto, no es simplemente un ingrediente añadido posteriormente
Esta distinción es importante.
Al observar un jabón terminado, podríamos imaginar que cada elemento presente se ha introducido por separado en un recipiente.
La saponificación funciona de otra manera.
Crea nuevas sustancias a partir de las materias primas.
La glicerina ilustra perfectamente este fenómeno.
Permite comprender que la formulación de un jabón no se interpreta únicamente como una receta.
También hay que comprender la transformación que ha tenido lugar.
¿Qué función cumple la glicerina en cosmética?
La glicerina se utiliza desde hace mucho tiempo en las formulaciones cosméticas.
Es un humectante.
En una formulación adecuada, contribuye a atraer el agua y a limitar su pérdida en las capas superficiales de la piel.
Esta es, en particular, una de las razones por las que se encuentra en numerosos productos destinados al rostro o al cuerpo.
También posee características interesantes desde el punto de vista de la formulación y de la sensorialidad.
Pero cuando se encuentra en un jabón, hay que tener en cuenta una diferencia esencial:
el jabón es un producto que se enjuaga.
Un producto que se enjuaga no actúa como una crema
Esta distinción permite evitar una confusión frecuente.
Una crema permanece sobre la piel durante varias horas.
Un jabón se aplica, se trabaja con agua y después se enjuaga.
Por tanto, el tiempo de contacto y la función de ambos productos son muy diferentes.
La presencia de glicerina en un jabón puede contribuir a sus características y a la sensación durante su uso.
Pero no transforma un producto limpiador en un tratamiento hidratante equivalente a una crema o a una leche corporal.
La función principal del jabón sigue siendo la limpieza.
Glicerina y sobreengrasado: no es lo mismo
Anteriormente hemos hablado del jabón sobreengrasado.
Ambos conceptos se confunden a veces.
Sin embargo, corresponden a realidades diferentes.
El sobreengrasado designa la fracción de materias grasas que se deja deliberadamente sin saponificar, o ciertas estrategias de enriquecimiento según el proceso empleado.
La glicerina, por su parte, se produce especialmente durante la reacción de saponificación.
Por lo tanto, un jabón puede ser a la vez:
sobreengrasado,
y contener glicerina procedente de su fabricación.
Estas dos características pueden coexistir, pero no deben confundirse.
¿La glicerina permanece siempre en el jabón?
Depende del proceso de fabricación.
En ciertos métodos, especialmente en algunas elaboraciones artesanales, la glicerina producida por la saponificación permanece integrada de forma natural en el jabón.
En otros procesos industriales, diferentes etapas pueden permitir separar una parte de la glicerina de la masa jabonosa.
Esta glicerina puede entonces aprovecharse por separado.
Por lo tanto, es preferible evitar una afirmación demasiado general del tipo:
«todos los jabones contienen exactamente la misma cantidad de glicerina natural».
Eso sería inexacto.
El proceso cuenta.
¿Por qué la glicerina puede atraer la humedad?
Su carácter humectante le confiere una afinidad particular con el agua.
Esta propiedad puede observarse directamente en ocasiones en ciertos jabones ricos en glicerina cuando se conservan en un entorno muy húmedo.
La superficie puede humedecerse ligeramente o presentar pequeñas gotas.
Esto no significa necesariamente que el jabón sea defectuoso.
La glicerina puede simplemente atraer la humedad presente en el aire.
Esta es otra demostración de la relación tan particular que existe entre jabón, glicerina y agua.
El secado entre dos usos sigue siendo esencial
Esta relación con el agua también explica por qué la conservación de un jabón sólido merece un poco de atención.
Después de usarlo, es preferible dejarlo secar.
Un soporte que permita escurrir el agua suele ser más adecuado que un recipiente en el que el jabón permanezca constantemente en contacto con la humedad.
Un jabón bien conservado mantiene más fácilmente su consistencia y puede desgastarse más lentamente.
Por lo tanto, un gesto extremadamente sencillo puede modificar la duración de uso del producto.
¿La glicerina hace automáticamente que un jabón sea suave?
No.
Y este matiz es importante.
La calidad de un jabón no puede deducirse de un solo componente.
Hay que tener en cuenta:
las materias grasas seleccionadas,
su proporción,
el posible nivel de sobreengrasado,
el proceso de fabricación,
la composición general,
la manera en que se utiliza el jabón,
y las características de la piel.
La glicerina es un componente interesante.
No es una garantía absoluta.
Volvemos a encontrar una vez más la misma regla:
un ingrediente nunca cuenta toda la fórmula.
¿Por qué es, sin embargo, notable esta materia?
Porque ilustra perfectamente la inteligencia de la transformación.
Partimos de materias grasas.
Se produce una reacción.
Y esta misma reacción da lugar a la materia limpiadora y a una sustancia utilizada, por otra parte, en una multitud de formulaciones cosméticas.
No es necesario añadir una historia espectacular.
La química en sí misma es suficientemente interesante.
Eso es precisamente lo que nos gusta encontrar en las materias:
comprender qué son en lugar de inventarles poderes.
La tradición y la ciencia se encuentran una vez más
Durante mucho tiempo, los fabricantes de jabón trabajaron la materia sin disponer de nuestra comprensión actual de la química molecular.
La experiencia permitía observar los resultados.
Hoy podemos explicar gran parte de lo que ocurre durante la saponificación.
Este conocimiento no resta nada al saber hacer.
Al contrario, le aporta una mayor precisión.
El gesto tradicional y la comprensión científica pueden contar juntos la misma transformación.
Moldeado por la tradición, perfeccionado por la ciencia.
Un jabón se convierte entonces en mucho más que un bloque sólido
Cuanto más avanzamos en esta serie, más desaparece la aparente sencillez del jabón.
Comenzamos con algunos elementos:
materias grasas,
una base alcalina,
del agua,
del tiempo.
Después descubrimos la saponificación.
El sobreengrasado.
Y ahora, la glicerina.
Poco a poco, un objeto de uso cotidiano revela toda su arquitectura.
Ese es precisamente el papel que deseamos dar al Diario de la Maison:
no complicar innecesariamente lo que es sencillo,
sino revelar lo que merece ser comprendido.
La materia cuenta su propia historia
La glicerina nos recuerda, en definitiva, algo esencial.
En cosmética, no todas las materias se depositan simplemente unas junto a otras.
Algunas aparecen porque otras se han transformado.
Comprender un producto exige entonces observar no solo qué contiene, sino también cómo nació.
Y en el jabón, esta diferencia es fundamental.
La glicerina no es solo un nombre más en una composición.
También es testigo de una transformación.
La que, desde hace generaciones, permite que las materias grasas se conviertan en uno de los productos de cuidado más universales que existen.
« En el jabón, la glicerina cuenta algo valioso: ciertas materias no se añaden simplemente. Nacen del saber hacer que transforma las demás. »
SHAYKO Grasse
Cuando el cuidado se convierte en una firma.
